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ARS POETICA
El punto crucial, la poética,
en la encrucijada,
se desbarranca desde el ahora
por la pendiente del deseo,
pero se muestra desnuda
en los penachos del habla.
Acarrea el peso de un destino incierto,
pero intuido al azar desde los reductos vistos,
cuando se muestra desnuda
en los penachos del habla.
Desde cualquier forma,
a veces a modo de comadreja,
devora el huevo filosofal,
y hasta presa en la celada
de los narcóticos o en la duermevela,
corta sus patas con sus filosos dientes,
para liberarse…
Para liberarse…
LOS POETAS
A Aldo “Cipres” Benitez
Torrentes de pasos endilgan al poema
La quinta dimensión del cosmos.
Sin embargo es sabido que hay
Aun más azules que el mar,
más rojos que la sangre,
azáz sentidos a parte del albor,
antes que rompa la niebla
en la purpúrea garganta de la Noche.
Otros torrentes ya no intentan lo indecible
al pulsar la pluma…
Y liberan versos en la tinta,
cuyo cuerpo ligero de partículas devenidas del
agua,
emulan al azar y al destino.
Mientras…
Leños ardiendo abren el aire de la Noche…
El poeta canta:
“Ah… Vetusta cultura…
guturalmente cincelada en primitivas cuevas y
gregarias cavernas,
a fuerza de pujar oposición de pulgares y
parir herramientas”.
Sobre la manta del monte
Se criban andanadas de luna
Y bajo delgados hilillos cristalinos…
El poeta canta:
“Ah… Vetusta cultura…
maleada en sarro azul de avatares mortales,
guapeando por la sutura de las dos mitades
humanas
una aguja sueñera a modo de perlas estelares”.
Y es el poeta quien dileta
Acurrucado en su barbilla mientras
La pira del caos humea invisible.
Llama a la poesía,
Inflama los cables del sueño,
Su verso es el anzuelo que enhebra el sentido
Del cuenco por donde viaja la luz
En la gotera del espacio.
Canturreo insomne el hervor de su cabellera
Que la brizna acaricia.
Su tarea es levar las anclas del significado
Y arrojar el tridente del sentido a modo de
saetas
para convulsión de la vigilia.
Mientras leños ardiendo abren el aire de la
Noche…
Canta.
El poeta canta…
El canta.
LA VIDENCIA DEL POETA
Apoltronado en el lugar donde otros sueñan
La seda
de los narcóticos,
O el infierno de la Datura Estramonio.
El poeta iluminado sin intentar lo indecible
murmura
al papel cómo desea que la tinta abandone el
líquido y
plasme los versos más impecables del Parnaso.
No ha bebido jamás de la fuente Criseia en
el Monte de Apolo,
pero su delicado espíritu defenestrado por la
ciencia
cayo en las Gracias ameno y agradable,
y las Musas a modo de Fortuna,
coronaron su testa con el cuerno de la
abundancia,
para que plétoras de palabras maravillosas,
lluevan sentidos con destino de Casandra (la
vidente
sin poder de convicción) y solo se regodeen él y
los
que apoltronados en el silo del instante,
guiñan sus ojos y reinventan el universo
desde sus trampolines.
Alguien quizás oiga de su boca cosas semejantes
A la re invención evocada del estado de Nirvana,
Lo que jamás se ha tenido nunca,
O Himnos a la Utopía del Desajuste de los
Sentidos.
Yo los recuerdo sin ningún embargo,
porque Poeta Vidente hay uno sólo, pero son
muchos.
Mientras mi videncia consiste hoy a mis cuarenta
y seis años,
en poseer ya nada mas que Dos Dientes,
con los que mudo mis dedos de lugar
para acertar sólo por azar
el verso apropiado que dibuje una sonrisa
en el rostro duro de seño fruncido
de los Sarmientos de la Vida Plena.
MI ENTE
Miente que deseas acabar conmigo.
Yo estaré en los bordes de tu retaguardia
Marinando tu aliento agitado en la huida, con
polvo
Impalpable de jazmines.
Miente que acabas en tus muslos
después de ser amada
musitando mis versos a modo de mantras,
susurrándolos sobre las yemas de tus dedos
que rozan tus poros dilatados.
Miente. Muchacha.
Miente a este viejo bohemio que tañe
su blasón enhiesto en la alborada
para espejar en él a Venus
cuando cantan las calandrias y zorzales
mientras pronuncia tu nombre,
secreto de décima Musa,
de Ninfa que mora bajo el cielo de su frente.
Miénteme y huye lejos…
Donde no pueda pensarte,
Al sitio donde mi deseo se torne
un ademán lejano de un sueño.
Y lograrás que este unicornio insoportable
Se rinda indefenso sobre la falda
De tu amigable espíritu.
Para que allí, cuando tu lo desees,
Acaricies en mi cuerno de versos
Lo que realmente te asombra y embeleza.
Pero miénteme, niña, miente.
LA PREÑEZ DEL CANIBAL
Conocía los secretos del pabilo,
La ciencia del sándalo y la quietud del agua.
Hablaba sin embargo la curva del humo
deslizándose sobre el aire.
Con el tiempo había aprendido a mixturar
El instante con algunas ideas consistentes,
Logrando la soltura de los yoguis.
Sin paciencia enhebraba el azar
Para levantar la bandera de seda
Sobre el techo de su casa.
El caníbal, un tiempo anduvo sin rumbo:
Casi perdido.
Hasta que al fin,
Levantó su mano con tierra,
Como un puñado de dioses que agazapados
Esperaban el segundo
Para volar clavándose en el odio.
Y comenzarán a brotar risas en su boca.
Y el corazón le crecerá hasta la altura de la
tarde.
Y desde el centro de la Luna en cuarto creciente,
Un sonido de aire de reloj bajará hasta la
tierra.
Convidado con creces beberá solitario su última
Contracción,
Puesto de rodillas pujará la criatura.
Y la vieja cicatriz, la sutura,
Detendrá un poco más el llanto de la cría,
Y desde adentro sonará mansa.
Asimismo la duda,
Vendrá con su facón a chancletear ante el sitio.
Convidará ginebra en tanto canto.
La guitarra en otro puño
Con la cinta del color azud.
Azud. Blanco y Azud.
El caníbal debió nacer antes,
Pero aun no ha nacido.
Su figura se ve en sueños.
Es un presentimiento de luces efímeras.
Un fuego fatuo en la boca del Padre.
Un tanto verde al madurar
Para llevarse las señas,
Un tanto más cerca de las vueltas de la llave.
Beberá el saludo y el aire del mar.
La duda le empezará a nacerle
Justo en el instante del cordón umbilical,
Pero la velita encendida en la casa
Ante la estampita de la Inmaculada Concepción
Evitará los quebrantos.
Luego silbará mansa
el sonido de lo que viene
sin prejuicio alguno.
Su babero será el norte de los astros
Y su baba el poema de lo oculto.
LA PLUMA
Solo el intento acarrea en la paciencia,
Esos versos de finos detalles.
Cuenco de la palma que la tañe,
Seguro andamia los riscos que delinea.
Baja por ella el alma solitaria
A posarse en la tierra inteligible.
Bajan por ella las secretas rías
Con polvo de oro en los sentidos hondos.
Y es una excusa de tinta indeleble
La mordedura que ciñe en el papel.
Sólo hay una línea continua de sed,
Que jamás logra trascender su corcel.
Pienso con ella lo distante y cercano.
Vivifico la evocación y el por venir.
Planeo en mí desde su ala única.
Adivino por sus huellas lo que vieron
Mis sentidos más allá de los umbrales.
Sólo el intento consumado vez a vez,
Hizo de ella en mi mano puñal de prez,
Diestra caña singular y compañía.
La espada y la palabra de mi poesía. |